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Weizen

Alcancé el tren a las 12:21.
Estaba cansado. Estaba acalorado.
Me sentía solo y sediento.

Entonces la vi y enseguida me percaté de que ella era una Bestia.

Rubia y joven.
El sol veraniego entraba por las ventanas del tren, brillando sobre su cabello como si fueran campos dorados de trigo.

Mis ánimos se multiplicaron como la levadura.

Ella se veía fresca y ligera, como si el calor solo pudiera enfriarla más mientras unas gotas de sudor recorrían su costado.

No pude resistirme.

Mientras me aproximaba, percibí un aroma con notas de naranja emanando de su cuerpo.

Ella llevaba una vestimenta simple y elegante, como un plato que no necesita condimentos.

Era una Bestia pura.
Y lo único que yo quería, era probarla.

Weizen